La Cueva de Altamira es el primer lugar en el mundo donde se identificó la existencia del Arte Rupestre del Paleolítico Superior. Descubierta por Modesto Cubillas, fue visitada por primera vez en 1875 por Marcelino Sanz de Sautuola. Tras visitar la Exposición Universal de París, Sautuola que contaba con una amplia formación en Ciencias Naturales y en Historia, decide emprender una serie de trabajos en las cuevas de Cantabria. Sería su hija María, la primera en ver las figuras en el techo en 1879.

Sautuola  publicó el hallazgo en 1880, atribuyendo las pinturas a la prehistoria, al periodo paleolítico. En en siglo XIX, resultaba de difícil comprensión para una sociedad, la del siglo XIX, inmersa en rígidos postulados científicos. Los intelectuales, evolucionistas, creacionistas o los incrédulos prehistoriadores de la época, acogieron con escepticismo su planteamiento.

El valor de la Cueva de Altamira fue reconocido con el descubrimiento de arte rupestre paleolítico en otras cuevas de Europa, principalmente en Francia (Le Mouthe, Combarelles y Font de Gaume). En 1902, el prehistoriador francés Émile de Cartailhac publicó Les cavernes ornées de dessins. La grotte d’Altamira, Espagne. Mea Culpa d’un sceptique. A partir de este momento, la cueva de Altamira adquirió reconocimiento universal, convirtiéndose en un icono del arte rupestre paleolítico.

La cueva de Altamira se sitúa en Cantabria, entre los límites de los términos municipales de Santillana del Mar y Reocín. A 158,5 metros sobre el nivel del mar, en la parte superior de un karst de origen Plioceno.

Cronología 

En Altamira, el periodo Magdaleniense es el mejor datado al haberse aplicado el Carbono 14 a algunas pinturas realizadas con carbón vegetal.

El método basado en la serie del Uranio que ya se utilizaba desde hacía años en la datación de costras y formaciones calcáreas, y que permite además la reducción del tamaño de la muestra a solo algunos miligramos. Los resultados para la cueva de Altamira han sido particularmente interesantes para un signo pintado en rojo del centro de la Sala de Polícromos cuya fecha es de 35.600 años antes del presente. Esto lo sitúa en el Auriñaciense, periodo del que no se han encontrado restos en la excavación arqueológica realizada en la cueva.

 

El arte en Altamira

La cueva de Altamira es la máxima representación del espíritu creador del hombre. Presenta un arte en grado de excelencia. Las técnicas artísticas (dibujo, pintura, grabado), el tratamiento de la forma y el aprovechamiento del soporte, los grandes formatos y la tridimensionalidad, el naturalismo, la abstracción y el simbolismo, todo está ya en Altamira.

Bisontes, caballos, ciervos, manos y misteriosos signos fueron pintados o grabados durante los milenios en los que la cueva de Altamira estuvo habitada, entre hace 36.000 y 13.000 años antes del presente. Estas representaciones se extienden por toda la cueva, a lo largo de más de 270 metros, aunque es en la Sala de Polícromos donde se concentran en mayor número.

Las representaciones más grandes son caballos y, bisontes de entre 125 y 170 cm de longitud, y una cierva, de más de dos metros. Primero se grabó el contorno y se dibujó a línea negra con carbón; luego se rellenaron con pintura roja o amarillenta. En algunos bisontes se marcó con pintura negra el cambio de coloración de su vientre o se utilizó el lápiz de carbón para detallar el pelo o la joroba. Además, el grabado se utilizó en ojos, cuernos, pelo del cuello, etc.

 

La visita a la Neocueva

La Neocueva reproduce la cueva de Altamira como lugar habitado, cuando los grupos paleolíticos poblaron y pintaron la cueva.
Desde hace más de 35 000 años hasta hace 13 000, Altamira acumuló la expresión del pensamiento trascendente de los grupos de cazadores recolectores que reiteradamente volvieron a la cueva a lo largo del Paleolítico.
Altamira reúne todos los símbolos conocidos en su época, expresados en una amplia variedad de técnicas, en grado de excelencia en el Techo de los Polícromos, lo que la convierte en un lugar emblemático desde la Prehistoria hasta el presente

 

Documental RTVE La mitad Invisible